¿Cómo ser una compañía independiente y no morir en el intento?


¿Cómo ser una compañía independiente y no morir en el intento?

¡Menudo tema! Sinceramente, no tenemos la respuesta. Eso sí, nos atrevemos a escribir sobre esto porque llevamos unos años al frente de una compañía y algo podemos exponer desde nuestra experiencia y bajo algún punto de vista que se nos pase por delante mientras vamos redactando.

Pero un momento, ¿qué es una compañía independiente?

Suena bastante atractivo y cualquiera podría enorgullecerse de ser o tener una compañía de teatro independiente. A primera vista parece dar cierta imagen de libertad que desde miradas externas podría ser envidiable.

Partamos de la base de que este tipo de compañías se caracterizan por trabajar de manera colectiva y ser de algún modo reaccionarios y críticos a lo establecido política y profesionalmente. Esto es algo un poco ambiguo o quizá un poco obsoleto porque el término se usa para clasificar algunas de las compañías que surgieron el siglo pasado en un contexto político y social que hoy en día ha cambiado.

Entonces, nos surgen más preguntas.

¿Las compañías profesionales son independientes?

Se supone que sí porque si investigas un poco puedes leer nombres de numerosas compañías profesionales y consagradas que están dentro de esta romántica catalogación, aunque esto nos crea ciertas dudas frente a lo que el sentido común nos dicta, pero claro, las cosas que están escritas quedan para la historia y quien las lee puede darlas por verdades absolutas.

La lógica nos dice que si eres independiente, eres libre, totalmente autónomo, o sea, que no necesitas nada. Y esto es bastante relativo porque como mínimo, una compañía profesional necesita subsistir y es prisionera del mercado, de la economía, de la financiación, de las ayudas, de la burocracia, de la crítica, de la imagen, de la política y de un montón de variables que nos hacen dudar de la independencia que puedan llevar por bandera. Aunque esto también es relativo porque si una compañía es capaz de gestionar adecuadamente todo esto por sus propios medios quizá sí que sea independiente.

Parece que de aquí, si tiramos del hilo, podríamos tejer un texto extenso pero como primera parte de esta resumida publicación es suficiente para seguir cubriendo el planteamiento completo.

Decíamos que no tenemos las claves, y además la muerte es inevitable. A parte de la muerte física a la que estamos todos condenados, hay durante la vida de todas las iniciativas muchos momentos en los que se está expuesto a fallecer. A veces incluso dejamos morir proyectos. Pero también se renace constantemente e incluso es necesario reducirse a cenizas para volver a la vida como seres renovados, más capaces.

Intuimos que para poder ver morir y vivir estas experiencias hace falta permanecer constantemente, ya que si abandonas no podrías disfrutar el porvenir. Aquí aparece otro término interesante como es el de la intuición. Es posible que esto se haga necesario por la falta de referentes o porque los que hay son imperfectos o no están a salvo de algún desliz que pueda hacernos dudar de si el camino que plantean es el adecuado.

Ahora bien, ¿Qué envergadura podría tener una compañía independiente para estar bien establecida?

Entendemos que podrían ser muy diversas por la multitud de posibilidades que se nos presentan, es decir, infinitas. Dependerá de las circunstancias, de la creatividad, de la visión, de los objetivos, de las necesidades de las personas que piloten el proyecto, de la disponibilidad, de la energía disponible, de los escrúpulos que puedas tener o la falta de ellos…

Y aunque a día de hoy se encasilla a muchas compañías de teatro en esta etiqueta de independiente, solo hay que mirar las grandes diferencias que presentan las que aparecen en los libros y revistas, incluso las que ni aparecen, que de las desconocidas hay muchas a las que no se les ha dado voz para que no destrocen esa verdad absoluta que nos han vendido antes de que entendiéramos el significado de la palabra marketing. Encontramos compañías que ejercen una total libertad creativa, otras que están sujetas a la “demanda del mercado” y que buscan efemérides o datos estadísticos para valorar sus siguientes producciones, también encontramos a compañías independientes sustentadas en gran parte con ayudas públicas, otras que reniegan de estas ayudas pero que trabajan en el ámbito de lo público, otras que hacen taquilla, las que solo van a caché por bolo, las que hacen temporada en un mismo espacio y las que se hartan de kilómetros, las hay que actúan en espacios con aforos de cuatro cifras y las que en un salón de estar lo dan todo para un grupo reducido. Y hay más.

En cualquier caso, retomando el hilo y en busca de alguna conclusión para redondear este texto, es posible que la constancia sea una herramienta fundamental para “ser” una compañía “x” y no morir en el intento. Y sí, hemos omitido el adjetivo “independiente” porque por ir por partes, pensamos que el orden es fundamental. No cuadra ser independiente y decir que eres compañía. Lo lógico sería ser una compañía y después plantearse si te interesa funcionar de manera independiente o ser dependiente de las diferentes variables que te puedas encontrar.

De todos modos, lo que exponemos aquí es solo un punto de vista desde nuestra experiencia, nuestro sentido común y desde la claridad que el día de hoy nos brinda para poder escribir. Posiblemente ayer lo hubiéramos expuesto de otra manera y, quién sabe cómo lo escribiríamos mañana.

Nosotros solo podemos animar a quien tenga dudas de si montar una compañía o no. Podríamos decir que es posible aunque duro. Que hay que ser constante, responsable, generoso y sacrificar mucho, o no, porque la realidad de cada uno depende de sus decisiones, de sus intenciones y de sus posibilidades. Los que aquí escribimos solo llevamos como compañía desde el 2003 sin parar de invertir nuestro tiempo y recursos en este proyecto que nos estamos inventando sobre la marcha para que nos haga aprender y crecer como personas. Para nosotros es un camino que transitar entre muchos otros posibles.